No sé para qué escribo Si cuando escribo la melancolía me inunda Y me pongo a llorar como una niña pequeña.
No sé qué escribo.
Debería escribir algo para sentirme parte de algo,
Para sentirme parte de mí misma, quizá.
No sé para quien escribo,
Si para quien escribía está muy lejos,
Donde ni los grandes navegantes de papel llegan.
Tirada quizá a la sombra del árbol del Fruto Prohibido
O diciendo “hágase la luz” y jugando a hacer hombrecitos de barro.
Tal vez ni siquiera está. Después de todo, nunca estuvo.
Fui suya, sí. Pero el núnca me perteneció.
Creo que así es como debe ser.
Uno no puede dormir acurrucado en el regazo del silencio.
¿La soledad? No le temo a la soledad.
Duermo con ella todos los días y jamás me ha hecho daño.
Ah, que oscuro luce el otoño teñido de nostalgia.
Llega el verano y pronto será invierno, el frío y la lluvia regresarán.
El no. Llegó y se fué con el invierno. Podría volver con él ahora??
Hay que tener fe, dicen, pero yo no necesito mover montañas.
Ya no sé para qué sigo escribiendo,
Si las lágrimas han cegado mis ojos
Y la sangre de mis muñecas manchó ya de escarlata el papel
"Si se marcha es que núnca fué mio"
Dejaré que vuele y encuentre su nido.
Yo el mio ya lo tengo echo.
ANNA